Amanecer en el Embalse de Santillana. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.
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12 de julio de 2026

El mochuelo europeo: el pequeño búho que vigila los campos de España

La primera vez que fotografié un mochuelo europeo de día fue completamente por accidente. Buscaba abejarucos en un talud arcilloso de la meseta castellana cuando vi algo redondo y compacto posado en unas piedras a unos treinta metros. Tardé un segundo en entender lo que tenía delante: el mochuelo me observaba desde arriba con esa expresión ceñuda que tienen estas aves, la cabeza ligeramente ladeada, una ceja fruncida que parece de permanente mal humor. Tenía la luz perfecta, el fondo despejado y el sujeto quieto como una piedra. Disparé sin moverme durante veinte minutos. Es de las sesiones fotográficas más fáciles que recuerdo, y también de las más satisfactorias.


Un búho que no parece un búho


Cuando la gente piensa en un búho, imagina algo grande y silencioso, algo que da un poco de respeto. El mochuelo europeo (Athene noctua) rompe esa imagen en cuanto uno lo ve. Mide entre diecinueve y veintidós centímetros, pesa menos de doscientos gramos, y tiene esa cabeza redonda y achatada, sin penachos auriculares, que le da más aspecto de juguete que de rapaz. Pero que el tamaño no despiste: es uno de los depredadores nocturnos más eficaces de los campos europeos, y en España vive más cerca de nosotros de lo que pensamos.


 Su nombre científico lleva implícita una historia. Athene viene de la diosa griega de la sabiduría, que tenía al mochuelo como animal sagrado. La lechuza pequeña que aparece en las monedas de la Atenas clásica era precisamente esta especie, no la lechuza común con la que a veces se confunde. Noctua, el epíteto específico, simplemente significa nocturna. Una diosa sabia que trabaja de noche: no está mal como descripción.