Hay aves que necesitas buscar y aves que aparecen cuando menos lo esperas. El camachuelo común pertenece claramente al segundo grupo. Yo lo encontré por primera vez en un parque de un pueblo, en primavera, en busca del alimento que les ponen los vecinos de los pueblos de la península de Varanger en Noruega. Estaba posado en una rama desnuda, tan quieto que podría haber pasado por una fruta olvidada en el árbol si no fuera por ese rojo inconfundible. Desde ese día, cada vez que entro en un bosque de montaña en España, voy con la vista a media altura buscando esa mancha de color entre la madera gris, lamentablemente verlos por estas latitudes no es sencillo...
El Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) es uno de esos pájaros que no admiten confusión una vez que se ha visto bien. Pertenece a la familia Fringillidae, la misma familia a la que pertenecen los pinzones, los verdecillos o los jilgueros, pero tiene un porte y un carácter propios que lo distinguen claramente del resto.
Es un ave compacta, de entre 14 y 16 centímetros de longitud, con una silueta redondeada que recuerda más a una bola de plumas que a un pájaro estilizado. El pico es la primera pista para identificarlo incluso antes de ver bien los colores: corto, grueso, con el perfil casi esférico, de base ancha y punta curvada hacia abajo. Ese pico no está diseñado para atrapar insectos sino para extraer semillas, desgranar frutos y, sobre todo, arrancar yemas florales con una precisión quirúrgica.
