Amanecer en el Embalse de Santillana. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

8 de mayo de 2026

Madagascar: Andasibe-Mantadia, el reino de los lémures y la selva que no deja de sorprender

Llevaba apenas veinte minutos dentro del parque cuando escuché algo que nunca olvidaré. Un sonido que llegaba de lejos, profundo y prolongado, casi como un lamento amplificado por la humedad del bosque. Nuestro guía, Armel, levantó la mano para detener el grupo y sonrió. “Indrí”, susurró. Me llevó unos segundos ubicar de dónde venía el canto, y otros tantos encontrar entre el follaje aquella silueta negra y blanca, grande como un niño pequeño, aferrada a un tronco a quince metros de altura. 
El indrí, el lémur más grande del mundo, nos miraba con esa expresión entre curiosa y solemne que tienen los primates cuando saben que tienen toda la atención. Pulsé el disparador. Esa imagen abrió uno de los mejores instantes fotográficos de mi vida.

Una isla que es un mundo aparte


Madagascar no se parece a ningún otro lugar de la Tierra. Lo dicen los biólogos, lo repiten los conservacionistas, y lo confirma cualquiera que haya puesto un pie allí. Esta isla, la cuarta más grande del mundo con más de 580.000 kilómetros cuadrados, se separó del continente africano hace unos 160 millones de años y evolucionó en un aislamiento tan prolongado que hoy alberga una proporción de especies únicas que resulta difícil de comprender en toda su dimensión. Más del 90 por ciento de su fauna vertebrada es endémica. No existe en ningún otro lugar del planeta.

Indrí en Mantadia National Park. Andasibe. Madagascar. Indri (Indri indri).
El Lémur más grande del mundo.

El Parque Nacional de Andasibe-Mantadia forma parte de ese legado natural extraordinario. Situado en la región de Alaotra-Mangoro, en el este de la isla, a poco más de 140 kilómetros al este de la capital Antananarivo, el parque cubre algo más de 155 kilómetros cuadrados de bosque lluvioso tropical primario y secundario. Llegar desde la capital es una experiencia en sí misma: tres horas por la carretera nacional RN2, una carretera que sube, baja, tuerce y atraviesa paisajes que van cambiando a medida que dejas atrás el altiplano y empiezas a descender hacia la costa oriental.
El parque en realidad agrupa dos zonas diferenciadas: la Reserva Especial de Analamazaotra, conocida popularmente como Andasibe o Périnet, que es la parte más visitada y accesible, y el Parque Nacional de Mantadia propiamente dicho, más al norte, más extenso, más salvaje y con mucho menos tráfico de visitantes. Las dos zonas comparten el mismo ecosistema de selva húmeda de montaña, pero Mantadia exige más esfuerzo físico y recompensa con una soledad que en Analamazaotra es más difícil de encontrar.


La geología que dio forma a un mundo único


El este de Madagascar donde se asienta Andasibe-Mantadia forma parte del llamado Corredor Oriental de la isla, una franja de selva húmeda que se extiende a lo largo de toda la costa este siguiendo las estribaciones orientales del Macizo Central malgache. Este macizo es una formación antigua, de rocas precámbricas con más de 500 millones de años, que ocupa la espina dorsal de la isla y divide sus climas de forma drástica: el este, expuesto a los vientos húmedos del océano Índico, recibe lluvias abundantes y mantiene una selva densa y permanente; el oeste y el sur, protegidos por las montañas, son mucho más secos.

El relieve en torno a Andasibe es el de un macizo desgastado por millones de años de erosión. Las cimas no son espectaculares en altura, rondando los 1.200 y 1.500 metros sobre el nivel del mar en las zonas más elevadas del parque, pero el conjunto de valles, laderas cubiertas de vegetación y pequeños ríos que descienden hacia la costa oriental crea un paisaje de una belleza serena y constante. El suelo es de tipo ferralítico, rojizo, ácido y bien drenado, propio de selvas tropicales con alta pluviosidad. Ese color tierra roja que se filtra entre la vegetación cuando la lluvia lava el camino es uno de los elementos visuales más característicos del este de Madagascar.

Los ríos y arroyos que recorren el parque descienden hacia el sistema hidrográfico que drena en el océano Índico. El lago Mantasoa y la cuenca del río Mangoro delimitan parte del territorio. Son cursos de agua limpios, con fondo de roca y vegetación ribereña densa, hábitat fundamental para varias especies de aves y reptiles endémicos.

Lémur pardo en Mantadia National Park. Andasibe. Madagascar.
Common Brown lemur (Eulemur fulvus).


Un clima que nunca descansa


El clima de Andasibe-Mantadia es húmedo tropical de montaña, con precipitaciones que superan los 1.700 milímetros anuales en algunas zonas del parque. No hay una estación seca pronunciada como ocurre en otras partes de Madagascar: las lluvias son frecuentes durante todo el año, aunque el período de noviembre a abril concentra las precipitaciones más intensas, coincidiendo con la temporada ciclónica que afecta al este de la isla.

La temperatura media anual ronda los 16 grados centígrados, lo que convierte a Andasibe en uno de los destinos más frescos y agradables del bosque tropical malgache. Las mañanas pueden ser frías incluso en verano austral, con niebla entre los árboles que no se disipa hasta bien entrado el día. Esa niebla es una compañera habitual del fotógrafo: aporta una atmósfera única, casi etérea, pero obliga a calibrar con cuidado la exposición en los primeros metros del bosque.


La temporada más recomendada para la visita es de abril a noviembre, cuando las lluvias son menos frecuentes, la vegetación está en su mejor estado y los animales son más activos. Aunque la verdad es que incluso en la temporada húmeda, los lémures y los chamelones se muestran con bastante regularidad si el guía sabe dónde buscar. Fui en julio y las condiciones fotográficas fueron excelentes durante la mayor parte de los días.

La primera mañana en el bosque amaneció con niebla espesa. La temperatura no llegaba a los doce grados y el objetivo empañaba cada vez que salía de la funda. Estuvimos veinte minutos sin ver nada, solo escuchando el goteo lento de la humedad cayendo desde el dosel. Entonces, a contraluz y entre la niebla, apareció un grupo de lémures de vientre rojo cruzando de un árbol a otro. No había buena luz, la composición era complicada, el enfoque costaba. Y aun así fueron unas imágenes y un recuerdo muy bueno.

El bosque que lo contiene todo: los hábitats


Lo que hace de Andasibe-Mantadia un destino fotográfico y naturalístico de primer orden es la densidad y la integridad de su bosque lluvioso. A diferencia de muchas otras áreas protegidas del mundo donde los hábitats naturales están fragmentados o degradados, gran parte de este parque conserva bosque primario en buen estado, con árboles que pueden superar los treinta metros de altura y una estratificación vegetal compleja que alberga vida en cada capa.

El dosel superior está dominado por especies del género Tambourissa, Ocotea y Canarium, entre otras, con troncos cubiertos de musgos y líquenes que en los días de niebla parecen sacados de un cuento. Las epifitas son omnipresentes: orquídeas, helechos arborescentes y bromelias se instalan en las ramas a cualquier altura. Caminar por el bosque de Andasibe es avanzar entre capas de verde que se superponen en todas las direcciones posibles.


El sotobosque es denso pero transitable por los senderos marcados. Aquí es donde más tiempo pasa el fotógrafo: es la zona de los camaleones, de las ranas arborícolas, de los lémures que bajan a alimentarse y de muchas de las aves más buscadas. La luz es escasa y obliga a abrir el diafragma y subir el ISO más de lo que uno quisiera, pero hay momentos en que un rayo de sol se cuela entre las copas y crea esa luz filtrada y cálida que convierte cualquier sujeto en algo fotogénico.

Los bambusales son otro hábitat clave dentro del parque, especialmente en las zonas de transición entre bosque primario y secundario. Varias especies de lémures, incluido el lémur de bambú dorado (Hapalemur aureus), dependen casi exclusivamente de esta vegetación para alimentarse. Las zonas abiertas junto a los ríos y los claros del bosque son los puntos donde mayor variedad de aves se puede observar, especialmente al amanecer.

Los lémures: los grandes protagonistas


Si hay una razón principal para viajar a Andasibe-Mantadia, es ver lémures en su entorno natural. Madagascar es el único lugar del mundo donde existen estos primates primitivos, pertenecientes al suborden de los estrepsirrinos, y el parque alberga algunas de las especies más emblemáticas y accesibles de toda la isla.

El indri (Indri indri) es la estrella indiscutible. Con hasta 70 centímetros de longitud y un peso que puede superar los nueve kilos, es el lémur más grande del mundo. Su canto, uno de los sonidos más extraordinarios del reino animal, puede escucharse a más de tres kilómetros de distancia en el bosque. Es un canto coral: los grupos familiares vocalizan al unísono, generalmente a primera hora de la mañana, creando una sinfonía disonante y penetrante que se queda grabada en la memoria. El indri tiene una peculiaridad que lo hace especialmente fotogénico: no huye de las personas. Las familias de Andasibe están acostumbradas a la presencia humana y permiten aproximaciones a pocos metros sin alterar su comportamiento. Para un fotógrafo, eso es un regalo.

Indrí en Mantadia National Park. Andasibe. Madagascar. Indri (Indri indri).
El Lémur más grande del mundo.

Pasé  un buen rato siguiendo a una familia de indris por el bosque del parque. El macho adulto, con ese pelaje negro y blanco tan contrastado, se movía de rama en rama con una lentitud casi ceremonial, sin concederme nunca el ángulo que yo quería. La hembra, con un bebé aferrado a su espalda, sí se detuvo un momento en una rama despejada con la luz filtrándose desde atrás. Tuve tiempo para tres disparos. En los tres salió movida. El cuarto fue el bueno. Eso es la fotografía de fauna: cuatro intentos para una imagen.

El lémur de collar (Varecia variegata) es otro de los grandes atractivos del parque. De tamaño considerable y con un pelaje en blanco y negro de gran contraste, es una especie arborícola que raramente baja al suelo. Verlo saltar entre las copas con esa agilidad y ese peso aparente es una experiencia que no deja indiferente. Está catalogado como en peligro crítico de extinción, lo que añade a cada avistamiento un valor que va más allá de lo fotográfico.
 

Lémur de collar blanco y negro en Mantadia National Park. Andasibe.
Madagascar. Black and Whrite Ruffed Lemur (Varecia variegata).

Los lémures pardos (Eulemur fulvus) son los más abundantes y los más fáciles de ver. Viven en grupos de tamaño variable, son activos tanto de día como de noche y tienen una curiosidad natural que los lleva a acercarse a los visitantes si no se hacen movimientos bruscos. Son los perfectos sujetos de práctica para el fotógrafo que llega al bosque con el pulso todavía sin afinar.

Lémur pardo en Mantadia National Park. Andasibe. Madagascar.
Common Brown lemur (Eulemur fulvus).

El lémur de bambú gris (Hapalemur griseus) es más discreto pero igualmente presente en las zonas con bambú del parque. Su pequeño tamaño y sus movimientos rápidos entre los tallos lo convierten en un reto fotográfico considerablemente más difícil que el indrí, pero cuando se consigue una buena imagen resulta de las más satisfactorias del día.

Lémur del bambú gris en Mantadia National Park. Madagascar.
Eastern Grey Bamboo Lemur (Hapalemur griseus).

Además de estos lémures, el parque alberga el lémur ratón gris (Microcebus murinus), pequeñísimo y nocturno, que se puede ver en las excursiones nocturnas con linterna; el lémur enano de Crossley (Cheirogaleus crossleyi); y el áyer o sifaka diadema (Propithecus diadema), uno de los lémures más grandes y espectaculares, que se desplaza por el suelo con ese salto lateral característico de las sifakas que parece una danza.


Sifaca de diadema en Mantadia National Park. Madagascar.
Diademed Sifaka (Propithecus diadema).

Más mamíferos: los que no se buscan pero aparecen


Más allá de los lémures, la fauna mamífera de Andasibe-Mantadia incluye especies que habitualmente se ven de forma inesperada y que añaden capas de interés a cualquier jornada de campo. La tenrec de cola anillada (Tenrec ecaudatus) y varias especies del género Hemicentetes aparecen a veces en los caminos al atardecer. Los tenrecs son mamíferos insectívoros únicos de Madagascar que superficialmente recuerdan a los erizos, aunque no tienen ninguna relación directa con ellos. Verlos en el sendero al caer la tarde es una de esas pequeñas sorpresas que convierten cada salida en algo diferente.

Las civetas de Madagascar (Fossa fossana), parientes cercanas de la fosa, son escurridizas y principalmente nocturnas, pero los guías experimentados saben los rincones donde es posible verlas al anochecer. Son animales de tamaño mediano, con un pelaje marrón manchado de oscuro, que se mueven con una cautela que hace muy difícil conseguir buenas imágenes sin una buena linterna y algo de paciencia.

Los reptiles: una familia aparte


Madagascar es el paraíso de los camaleones, y Andasibe-Mantadia no es una excepción. El camaleón de Parson (Calumma parsonii), el mayor del mundo, habita en este bosque con una presencia que para quien viene de Europa resulta casi irreal. Ver a un animal de treinta centímetros moverse con esa lentitud calculada por los senderos del sotobosque, con los ojos girando de forma independiente y la lengua lista para dispararse, es uno de esos encuentros que te hacen entender por qué Madagascar es diferente a todo lo demás.

Camaleón de Oustalet o Gigante de Madagascar. Malagasy giant chameleon,
Oustalet's chameleon (Furcifer oustaleti).

Otras especies de camaleones presentes en el parque incluyen el camaleón de O'Shaughnessy (Calumma oshaughnessyi) y varias especies del género Furcifer. Las ranas también merecen atención especial: Madagascar alberga más de 300 especies de ranas endémicas, muchas de ellas presentes en Andasibe. Las ranas arborícolas del género Boophis son especialmente frecuentes en las zonas húmedas junto a los ríos, y su colorido verde esmeralda las convierte en sujetos fotográficos de primer orden si la luz acompaña.

Las aves: el tesoro menos conocido del parque


Andasibe-Mantadia no tiene la fama ornitológica de algunos grandes parques africanos, pero para quien llega con los ojos abiertos, el bosque lluvioso del este de Madagascar es un destino aviar extraordinario. Con más de 110 especies de aves registradas en el parque, de las cuales una proporción muy elevada son endémicas de Madagascar, cada jornada de campo aporta encuentros que serían imposibles en cualquier otro lugar del mundo.

El mesito unicolor (Mesitornis unicolor) es una de las especies más buscadas. Ave terrestre, discreta, que se mueve entre la hojarasca del sotobosque con una cautela que la hace muy difícil de encontrar y fotografiar. Encontrarla requiere conocer bien el parque o ir con un guía de primera categoría. Cuando aparece, suele hacerlo brevemente en los claros del camino, y el fotógrafo tiene segundos para reaccionar.

Los vángas son la familia de aves más característica de Madagascar. Evolucionaron de un único ancestro colonizador hace millones de años y se diversificaron hasta ocupar los nichos ecológicos que en otros bosques ocupan familias muy distintas. En Andasibe se pueden ver el Vanga Cabecinegro (Tylas eduardi)Vanga Trepador (Hypositta corallirostris), Vanga Colirrojo (Calicalicus madagascariensis), Vanga Chabert (Leptopterus chabert), Vanga Azul de Madagascar (Cyanolanius madagascarinus) o el Vanga de Pollen (Xenopirostris polleni), entre otros.

Filepita aterciopelada en Mantadia National Park. Andasibe. Madagascar.
 Velvet Asity (Philepitta castanea). Especie endémica de Madagasacar.

También vimos y fotografiamos: Las carracas endémicas de Madagascar como: la Carraca Terrestre paticorta (Brachypteracias leptosomus), Carraca Terrestre cabeciazul (Atelornis pittoides), Carraca Terrestre escamosa (Geobiastes squamiger), y la Carraca picogorda (Eurystomus glaucurus).

Monarca Colilargo Malgache en Mantadia National Park. Madagascar.
Malagasy Paradise-Flycatcher (Terpsiphone mutata). Endémica de Madagascar.


En las láminas de agua: la Polluela malgache (Sarothrura insularis), Rascón malgache, (Rallus madagascariensis), Rascón de Cuvier (Dryolimnas cuvieri), Garcilla menor (Butorides atricapilla), Rascón Kioloide, (Mentocrex kioloides).

Rascon de Cuvier en Mantadia National Park. Andasibe. Madagascar.
White-throated Rail (Dryolimnas cuvieri). Especie endémica de Madagascar.


Los drongo, el Suimanga Piquilargo (Cinnyris notatus), las palomas verdes del género Treron que buscan las frutas en el dosel..., la Abubilla malgache (Upupa marginata), el Ibis crestado
(Lophotibis cristata), Filepita Suimanga común (Neodrepanis coruscans), y la Filepita Aterciopelada, (Philepitta castanea)..., la lista sigue y cada especie añade un dato más a esa sensación de estar en un planeta distinto al nuestro.

La tarde que más aves vi fue la penúltima del viaje, en el borde de un claro del bosque donde había un árbol frutal. Me quedé quieto durante casi una hora con el objetivo apuntado a las ramas altas. Pasaron al menos seis especies distintas de aves endémicas en ese tiempo, algunas brevísimamente y otras con toda la calma del mundo. Es el tipo de situación que los fotógrafos de naturaleza llaman estar en el lugar correcto en el momento correcto, aunque en realidad no es casualidad: es el resultado de observar bien el entorno y saber esperar.

Drongo Malgache en Mantadia National Park, Andasibe. Madagascar.
Crested Drongo (Dicrurus forficatus). Especie endémica de Madagascar.


Conservación: una carrera contra el tiempo


Madagascar ha perdido más del 90 por ciento de su cobertura forestal original desde la llegada de los humanos a la isla hace unos 2.000 años. La deforestación por tala y quema para agricultura, la extracción de madera, la caza y la presión demográfica han reducido el bosque lluvioso oriental a fragmentos cada vez más aislados. Andasibe-Mantadia es uno de esos fragmentos, y su supervivencia depende tanto de la gestión del parque como de las condiciones de vida de las comunidades que viven en su entorno.

La situación es compleja. Madagascar es uno de los países más pobres del mundo, y la presión sobre los recursos naturales de los bosques es comprensible en un contexto de necesidad inmediata. Los programas de ecoturismo bien gestionados, como los que operan en torno a Andasibe, son una de las respuestas más prometedoras: generan ingresos directos para las comunidades locales, crean empleo para los guías y vigías del parque, y vinculan económicamente a la población con la conservación del bosque. Los guías de Andasibe y otros lugares de la isla, son algunos de los mejores naturalistas con los que he salido al campo: conocen el bosque con una precisión que no se aprende en los libros, sino caminando por él cada día durante años.

Varias organizaciones trabajan en la zona en proyectos de reforestación, educación ambiental y apoyo a las comunidades. El camino es largo, pero el parque existe, el bosque resiste, y los lémures siguen cantando al amanecer. Mientras eso sea así, hay razones para el optimismo.

Suimanga malgache en Mantadia National Park, Andasibe. Madagascar.
Souimanga Sunbird (Cinnyris sovimanga). Especie endémica de Madagascar.

El cierre que vuelve al principio


La última mañana en Andasibe me levanté antes de que sonara el despertador. No lo planeé: fue el canto del indri lo que me sacó de la cama, llegando desde el bosque con esa intensidad que atraviesa paredes y mosquiteras. Salí al porche del alojamiento con la cámara todavía fría y me quedé ahí, quieto, escuchando. No hace falta fotografiarlo todo. A veces es suficiente con estar presente en ese momento, sabiendo que ese sonido que estás oyendo no existe en ningún otro lugar del mundo.

Andasibe-Mantadia no es un destino fácil ni barato. Requiere tiempo, planificación y una disposición a adaptarse a las condiciones del bosque tropical: barro, lluvia, insectos, luz escasa y animales que se mueven cuando quieren y no cuando uno quiere. Pero para quien lleva la cámara como segunda naturaleza y disfruta tanto del proceso como del resultado, es uno de esos viajes que reordena las prioridades y deja una huella duradera.

Ibis crestado en Mantadia National Park, Andasibe. Madagascar.
 Madagascar Ibis (Lophotibis cristata). Especie endémica de Madagascar.


Si tienes Madagascar en la lista, ponla en la parte de arriba. Y si vas, reserva tiempo para quedarte quieto en el bosque, escuchar y mirar sin prisa. El bosque de Andasibe tiene mucho que decir a quien sabe esperar.

En esta entrada reproduzco algunas imágenes de esta aventura fotográfica.

Puedes ver más en mi perfil de Instagram: https://www.instagram.com/martin_perezfoto/ y en mi Galería de Madagascar y la de Lémures en 500px: https://500px.com/martinperez

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