Amanecer en el Embalse de Santillana. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.
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11 de junio de 2026

Los cuatro buitres ibéricos: una lección de biodiversidad escrita en el aire

Había viajado a Buseu, en el Pirineo catalán, sin expectativas concretas. Tenía el teleobjetivo montado, el trípode apoyado en el suelo y la vista puesta en las crestas, esperando su bajada, cuando apareció el primero: un buitre leonado emergiendo desde el barranco con esas alas enormes bien abiertas, sin apenas esfuerzo visible. Luego un segundo, en la misma corriente térmica, una silueta más oscura y más grande que no era leonado: el buitre negro, inconfundible en su negrura y en esa forma de plegar las alas ligeramente hacia abajo que no tiene ninguna otra rapaz de este tamaño. Seguí mirando. A la derecha, ganando altura desde el fondo del valle, el blanco y el negro del alimoche recortándose contra el gris de la roca. Y entonces, mientras ajustaba el encuadre sin saber muy bien a cuál apuntar, vi al cuarto. Volaba solo, más alto que los demás, con esa silueta de tabla que identifica al quebrantahuesos incluso a un kilómetro de distancia. Cuatro especies. Un solo cielo. Me quedé quieto, a la espera de empezar a disparar... 

 Hay países que tienen un buitre. Algunos tienen dos. España tiene cuatro especies que crían dentro de sus fronteras, y en ciertos rincones del Pirineo, de los sistemas montañosos del interior o de las grandes dehesas del suroeste, es posible verlas a todas juntas en un mismo sitio. Eso no ocurre en ningún otro país de Europa occidental. Es uno de esos datos que uno cita con facilidad pero que solo cobra su verdadera dimensión cuando estás en el campo, con la cámara en la mano, viendo cómo el buitre leonado (Gyps fulvus), el buitre negro (Aegypius monachus), el alimoche común (Neophron percnopterus) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) comparten el mismo corredor de aire sobre las mismas montañas.

Quebrantahuesos en Buseu, Lérida. España.
Lammergeier (Gypaetus barbatus).

Son cuatro especies distintas en tamaño, en temperamento, en ecología y en historia de conservación. Pero forman juntas un gremio funcional único: el de los carroñeros especializados que mantienen limpio el paisaje, que reciclan la muerte en vida y que, en el proceso, nos recuerdan que los ecosistemas funcionan de formas que van mucho más allá de lo que a primera vista parece evidente.

14 de noviembre de 2018

La berrea en Cabañeros

Otro año he tenido la oportunidad de visitar el Parque Nacional de Cabañeros en época de berrea. Como siempre el espectáculo es digno de ver y oír y recomiendo que intentéis programar una visita a este maravilloso Parque Nacional coincidiendo con la Berrea de los Ciervos.


Este parque nacional alberga una de las mejores representaciones en España de bosque mediterráneo, muy bien conservado y con diferentes ecosistemas: bosques y matorrales mediterráneos, vegetación atlántica, bosques de ribera, turberas y herbazales, con una variedad extensa de flora y fauna.


Su paisaje, tiene dos zonas muy diferenciadas: la raña y la sierra. La raña es una gran llanura de aproximadamente 8000 hectáreas de extensión, conocida como el Serengueti español, la zona de la sierra se encuentra cubiertas de bosques y matorrales. Los árboles más abundantes son los encinares, alcornocales, quejigares, rebollares, y de ribera alrededor de los cursos fluviales y grandes extensiones de matorral, donde domina la jara y el brezal.


La estrella, como no debía ser de otra manera, es el Ciervo, pero podemos observar: Jabalíes y zorros. Y otros más difíciles de ver: el gato montés, la gineta, la garduña, el meloncillo o el tejón que compiten con el escurridizo lince ibérico.

Águila Imperial
Otro de los habitantes más buscados es el Águila Imperial, en esta ocasión observamos hasta cuatro ejemplares, alguno de ellos cazando... También es fácil ver: Buitres negros, buitres leonados, elanio azul , busardo ratonero y cernícalos vulgares, en esta época del año.

3 de noviembre de 2015

El paraiso de los Buitres leonados

Cada pocos meses paso una jornada en el Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, un espacio protegido y de gran valor natural, paisajístico y con enorme riqueza biológica creado por WWF de la mano del legendario Félix Rodriguez de la Fuente hace más de 40 años. Este refugio es el paraiso de numerosos especies, en especial de Buitre Leonado, al que dedico este reportaje fotografico de mi última visita en este otoño.



Con una superficie de 2100 hectáreas, este espacio protegido queda enclavado en las Hoces del río Riaza, es un conjunto de barrancos y cañones excavados por el río Riaza en los páramos calizos del norte segoviano.


Este enclave constituye uno de los mejores santuarios para las rapaces ibéricas y especialmente para el buitre leonado, que tiene en estas hoces una de las colonias más importantes de la península Ibérica, con alrededor de 1200 ejemplares. Además de los buitres, aquí crían especies como el alimoche común, el águila real, el halcón peregrino, el búho real, el cernícalo vulgar o la aguililla calzada y la culebrera europea. Pero, en la zona, no sólo viven aves rapaces, sino un largo listado de vertebrados que superan las 300 especies entre las que destacan algunas tan raras o amenazadas, como la alondra de Dupont, el desmán del Pirineo o la nutria.