Amanecer en el Embalse de Santillana. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.
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7 de julio de 2026

El colirrojo real: la llama que cruza Europa en primavera y otoño

Estaba buscando papamoscas en la Sierra de Guadarrama cuando lo vi por primera vez sin que lo buscara. Un macho posado en lo alto de una rama seca, con el sol de la mañana pegándole de frente. Tardé unos segundos en asimilar lo que tenía delante: el pecho de un naranja encendido, la garganta negra, la franja blanca sobre el ojo como una ceja pintada con descaro. Y esa cola. Esa cola que no para quieta, que tiembla sin cesar como si el ave estuviera a punto de echar a volar en cualquier momento. Levanté la cámara, lo encuadré y después de disparar, me quedé ahí sin hacer nada durante un buen rato. Hay aves que te detienen en seco. El colirrojo real es una de ellas.
Hay aves que pasan desapercibidas y aves que no dan ninguna opción a serlo. El colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) pertenece claramente al segundo grupo, al menos si uno tiene la suerte de encontrarse con un macho en plumaje nupcial. En ese momento, con esa combinación de colores encendidos sobre las ramas de un bosque de primavera, resulta difícil entender cómo algo así puede pasar sin que nadie lo note.

Colirrojo real en Crémenes, León. España.
Common Redstart (Phoenicurus phoenicurus).

Pero el colirrojo real no es un ave de ciudad ni de parques urbanos. Es un habitante de bosques abiertos, de praderas con arbolado disperso, de montes viejos con huecos en los troncos. Para verlo hay que salir al campo, madrugar y saber dónde mirar. Y eso, como siempre en la fotografía de naturaleza, es parte del atractivo.