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27 de junio de 2026

Un mundo sin alas

Cuando el último pájaro enmudezca, sabremos que hemos fallado en algo más que biología



I. El amanecer que nadie escucha


Hay un sonido que hemos dado por eterno.

Está ahí cuando el sol apenas insinúa su llegada, cuando la oscuridad no ha terminado de retirarse y el mundo parece sostenido entre la noche y el día. Un sonido que ningún ser humano ha tenido que aprender a reconocer porque lleva grabado en la memoria desde antes de nacer: el canto de los pájaros al amanecer.

Lo hemos escuchado toda la vida sin escucharlo de verdad.

15 de junio de 2026

Tres águilas, tres mundos: la riqueza de las grandes rapaces de España

Hay fotografías que no salen bien y que aun así no se olvidan. Una de las mías es de un águila perdicera en la ladera de una montaña, en Extremadura, un día de marzo con la luz dura y el viento de cara. El ave apareció desde el valle, ganando altura con aleteos rápidos y planeando breve, en ese vuelo activo y tenso que tan bien distingue a la perdicera de las otras dos grandes águilas. Pasó cerca, demasiado cerca para el focal que llevaba montado, y desapareció antes de que pudiera reencuadrar. La fotografía no valía nada. Pero la imagen mental de esa águila con el vientre claro y las marcas oscuras en el pecho sobre el fondo marrón grisáceo del  suelo calcáreo se quedó grabada con una nitidez que ningún archivo RAW habría mejorado. Hay días de campo así. Vuelves sin casi nada en la tarjeta y con mucho más en la cabeza.


Tres águilas que definen un país


Pocas cosas dicen tanto de un territorio como las aves que viven en su cima trófica. España tiene tres especies de grandes águilas que crían dentro de sus fronteras: el águila real (Aquila chrysaetos), el águila imperial ibérica (Aquila adalberti) y el águila perdicera (Aquila fasciata). Son rapaces de gran tamaño, longevas, con territorios amplios y ciclos reproductores lentos. No están en cualquier sitio. Requieren paisajes con cierta integridad, presas suficientes y una presión humana que no supere lo que cada especie tolera.

Águila Real en Crémenes, León. España. Golden eagle (Aquila chrysaetos).
 
Que las tres coexistan en la Península Ibérica es, en sentido estricto, un privilegio ecológico. No todas tienen la misma historia de conservación ni el mismo estado actual, pero las tres forman parte de un patrimonio natural que en buena parte de Europa ya no existe o existe en fragmentos tan pequeños que su futuro es incierto. Entenderlas por separado ayuda a entender lo que juntas representan.

11 de junio de 2026

Los cuatro buitres ibéricos: una lección de biodiversidad escrita en el aire

Había viajado a Buseu, en el Pirineo catalán, sin expectativas concretas. Tenía el teleobjetivo montado, el trípode apoyado en el suelo y la vista puesta en las crestas, esperando su bajada, cuando apareció el primero: un buitre leonado emergiendo desde el barranco con esas alas enormes bien abiertas, sin apenas esfuerzo visible. Luego un segundo, en la misma corriente térmica, una silueta más oscura y más grande que no era leonado: el buitre negro, inconfundible en su negrura y en esa forma de plegar las alas ligeramente hacia abajo que no tiene ninguna otra rapaz de este tamaño. Seguí mirando. A la derecha, ganando altura desde el fondo del valle, el blanco y el negro del alimoche recortándose contra el gris de la roca. Y entonces, mientras ajustaba el encuadre sin saber muy bien a cuál apuntar, vi al cuarto. Volaba solo, más alto que los demás, con esa silueta de tabla que identifica al quebrantahuesos incluso a un kilómetro de distancia. Cuatro especies. Un solo cielo. Me quedé quieto, a la espera de empezar a disparar... 

 Hay países que tienen un buitre. Algunos tienen dos. España tiene cuatro especies que crían dentro de sus fronteras, y en ciertos rincones del Pirineo, de los sistemas montañosos del interior o de las grandes dehesas del suroeste, es posible verlas a todas juntas en un mismo sitio. Eso no ocurre en ningún otro país de Europa occidental. Es uno de esos datos que uno cita con facilidad pero que solo cobra su verdadera dimensión cuando estás en el campo, con la cámara en la mano, viendo cómo el buitre leonado (Gyps fulvus), el buitre negro (Aegypius monachus), el alimoche común (Neophron percnopterus) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) comparten el mismo corredor de aire sobre las mismas montañas.

Quebrantahuesos en Buseu, Lérida. España.
Lammergeier (Gypaetus barbatus).

Son cuatro especies distintas en tamaño, en temperamento, en ecología y en historia de conservación. Pero forman juntas un gremio funcional único: el de los carroñeros especializados que mantienen limpio el paisaje, que reciclan la muerte en vida y que, en el proceso, nos recuerdan que los ecosistemas funcionan de formas que van mucho más allá de lo que a primera vista parece evidente.